sábado, 26 de junio de 2010

La pasión del creyente

Leer 2 Timoteo 1:1-11




Un fuego no puede mantenerse ardiendo si no es alimentado. Igualmente, el fervor de un creyente puede apagarse si es descuidado.

Los creyentes nuevos comparten su fe de manera apasionada, y experimentan el gozo y la paz de Dios. Pero ese celo puede evaporarse sin querer. Por 1 Timoteo 1:6, 7, podemos ver que Timoteo dejó que la llama de su fe se redujera un poco.

Los cristianos pueden experimentar un “enfriamiento” por varias razones. Cuando golpea una tragedia, la persona puede sentir que sus oraciones no fueron contestadas, y que a Dios no le importa. Si por esa razón ora menos, será fácil apartarse del Señor. Otras veces, los creyentes pueden descarriarse porque son desviados por las prioridades del mundo; el entusiasmo de Timoteo menguó por las mentiras de los falsos maestros y por el temor. No importa cuál sea el motivo del enfriamiento, Satanás es la causa fundamental; al apartar a los cristianos de su devoción a Dios.

El alejamiento del Señor puede ser sutil y difícil de detectar. Hay seis preguntas que pueden ayudarle a saber si su entusiasmo por Dios se mantiene firme:

1. ¿Siente gozo en el Señor y el deseo de servirle, compartir el evangelio y ayudar a quienes padecen necesidades?


2. ¿Dedica tiempo a la lectura de Biblia?


3. ¿Ora, sabiendo que Dios obra en su vida?


4. ¿Asiste fielmente a la iglesia, y diezma?


5. ¿Tiene gozo, paz, y esperanza en Jesús?


6. ¿Se mantiene firme en sus convicciones?

Si no puede responder “sí” a la mayoría de las preguntas, es posible que su fuego esté disminuyendo. Confiésele esto al Señor, y pídale Su ayuda para que Él le avive la pasión.

lunes, 3 de mayo de 2010

Cumplir con sus principios como cristiano y hombre de familia, le ha costado al actor de Hollywood Neal McDonough ser despedido de su papel protagonista en una serie de televisión. La cadena ABC alegó simplemente "cambios en el casting inicial". ¿La verdadera razón? McDonough se niega a realizar escenas de sexo explícito.

Según ha dado a conocer Kathleen Gilbert en Life Site News, la cadena de televisión norteamericana ABC despidió a McDonough tras sólo tres días de rodaje de la serie llamada Scoundrels por negarse a realizar escenas de sexo explícito que debían ser rodadas con la actriz Virginia Madsen. La cadena de televisión esgrimió como argumento oficial un simple cambio en las decisiones de la selección de actores.

McDonough, católico, está casado y es padre de tres niños pequños, ya había rechazado anteriormente rodar escenas de este tipo con la actriz Nicolette Sheridan, cuando interpretaba el papel de su marido en la quinta temporada de la serie «Mujeres desesperadas», también de la ABC, así como en la serie «Boombtown», de la NBC. De manera que los productores debían conocer muy bien los principios que este afamado actor no está dispuesto a traicionar.

Nacido en 1966 en Dorchester (Massa-chusetts), hijo de padres irlandeses, McDonough estudió Arte Dramático en la London Academy of Arts and Sciences. En 1999 obtuvo el Premio del jurado en el Festival de cine de Atlantic City, y más recientemente, una nominación a los Screen Actors Guild Awards. Ha rodado más de veinte películas, entre ellas: Minority Report, Star Trek VIII: Primer contacto y Banderas de nuestros padres, y también series de éxito como la citada Mujeres desesperadas o la mini-serie Hermanos de sangre.

Por su trabajo en Scoundrels iba a cobrar un millón de dólares, pero no ha dudado en renunciar a ese atractivo sueldo por ser fiel a su Fe y a sus principios. Todo un ejemplo para los tiempos que corren.


Gracias a Dios todavia existen muchos Católicos que saben serlo en hechos y no en palabras.

sábado, 24 de abril de 2010

¡Vamos a comer!


Media hora tres veces por semana puede fortalecer los lazos de su familia






por Mimi Greenwood Knight





El mejor instrumento para acercar más a su familia podría ser sentarse en el comedor de la casa en este momento. ¿Ve esa cosa larga de madera con cuatro patas y sillas alrededor de ella? Sí, es su mesa del comedor. Si su familia es como muchas, es posible que tenga que quitar una capa de polvo o una pila de papeles antes de que pueda utilizarla. Recoja, entonces, los papeles y rocíela con algún pulimento, porque valdrá la pena.


El protocolo de las comidas en familia


Antes, cenar en familia era la norma, no la excepción. Se encendían las luces de la calle, los niños dejaban de jugar, y se dirigían a casa para comer arroz, frijoles y carne.
Allí estaban papá y mamá y el resto de la familia, y aunque no todos las conversaciones durante la cena eran divertidas, era alrededor de la mesa que los hijos llegaban a saber qué creían sus padres. Allí era donde se transmitía la fe de la familia, donde los niños heredaban los valores de sus padres, y donde podían hablar tanto de los logros como de las frustraciones del día.
Entonces, ¿qué sucedió con esas reuniones por las noches de papá, mamá y los hijos alrededor de la mesa? Las comidas en familia hoy día tienen que competir con actividades después de clases y las asuntos pendientes en casa, los entretenimientos electrónicos, los dos trabajos de los padres, y miles de variables más. Lograr reunir a todos al mismo tiempo y en el mismo lugar puede ser una hazaña monumental.


Hagan la prueba


Entonces, ¿por qué hacer el esfuerzo? Para empezar, porque estudios muestran que los niños que se reúnen regularmente con sus padres alrededor de la mesa, tienen un vocabulario más amplio, sacan mejores calificaciones, y son menos propensos a experimentar con drogas y relaciones sexuales prematrimoniales.
Por otra parte, muchos hogares son como casas de huéspedes cuyos habitantes se cruzan para hacer cada quien su propia actividad. Es hora de detenerse y relacionarse unos con otros. Los hijos tienen hoy un millón de voces que gritan en sus oídos, mensajes que les harían a ustedes encogerse de miedo. Esa mesa olvidada del comedor puede ser el lugar ideal para que ellos escuchen la única voz terrenal a la que prestarán atención por encima de todas las demás —la suya.


A hablar, entonces


Las comidas en familia hacen resurgir la tradición oral, la conversación. Así es. Los expertos en desarrollo infantil dicen que los niños —especialmente los adolescentes— se comunican mejor con sus padres cuando tienen una actividad secundaria que elimine parte de la presión. Untar con mantequilla una rebanada de pan, volver a llenar el vaso de jugo, y servirse un poco de ensalada en el plato, proporciona la distracción perfecta para que ustedes les pregunten cómo les fue en el día, compartir sus creencias y escucharlos, haciendo que sus hijos se sientan lo suficientemente cómodos para abrirse y compartir también sus intereses y preocupaciones.
Una vez que la comunicación se vuelve fluida, ustedes tienen la oportunidad de analizar con sus hijos las experiencias que tuvieron en el día, para ayudarles a tener la perspectiva de Dios y considerar las cosas en un contexto bíblico. No se trata de darles un sermón, ni de tener un devocional familiar, sino de un tiempo para conectarse, animar, exhortar y hacer preguntas sobre todo lo que el mundo les hizo experimentar ese día.
El Dr. Donald W. Welch, profesor de Educación Cristiana y Estudios de la Familia en MidAmerica Nazarene University, compara a momentos como éstos, con hacer depósitos en la cuenta bancaria emocional de un niño. Cuando las cosas se vuelvan problemáticas entre usted y su hijo, o cuando llegue a una edad en que comenzará a alejarse de la familia, el recuerdo de las veces que se sentaron a comer juntos será de inmenso valor. Usted descubrirá que esa experiencia le ayudó a acumular un jugoso "saldo" que puede utilizar.


Decídanse a hacerlo


Mírenlo de esta manera. Las cosas más valiosas de la vida exigen resolución. Su entrenamiento físico, el estudio de la Biblia, el tiempo a solas con Dios, la interacción con su cónyuge, no son por casualidad. Ustedes tienen que reconocerlas como una prioridad, y luego tomar la decisión deliberada de realizarlas. Comer juntos como familia no es diferente. Decidan que esto es importante. Luego, piensen en cómo van a hacerlo.
Para la mayoría de nosotros, comer juntos siete —o incluso cinco— noches a la semana no es fácil cuando tenemos ensayo del coro, lecciones de ballet, fútbol, clases de música y asuntos de la escuela. ¿Por qué no pensar en sólo tres noches a la semana? Ahora bien, coloquen un calendario familiar en un lugar visible, y pida que todos anoten allí sus compromisos semanales. Si al comienzo no pueden reunirse sino dos veces por semana, o incluso una, que cada miembro de la familia se comprometa seriamente a sacar tiempo para cenar juntos los días en que estén disponibles. Sigan después estos consejos para aprovechar al máximo su tiempo juntos:


Esperen. Si alguno en la familia tiene que llegar un poco más tarde a casa, tengan algunas meriendas saludables para comer, hasta que todos estén presente.


Relájense. No conviertan a las comidas en un tiempo para regañar sobre las calificaciones de la escuela, o reñir por las tareas que no hicieron. Mantengan las comidas libres de estrés, relajadas y entretenidas.


Cero electrónicos. Prohíban teléfonos celulares, aparatos de video y cosas semejantes en la mesa. Apaguen el televisor, y dejen que la máquina contestadora grabe los mensajes. El tiempo en familia se convertirá en sagrado sólo si ustedes lo tratan como tal.


Trabajen en equipo. No pongan sobre un solo miembro de la familia la carga de cocinar y limpiar después de cenar. En vez de eso, preparen las comidas juntos, y túrnense las tareas, como servir y limpiar la mesa, y lavar los platos.


Preguntas abiertas. No aburran a sus hijos con veinte preguntas sobre su día. Más bien, compartan el día de ustedes con ellos, y anímenlos a hacer preguntas para conseguir que ellos también lo compartan.


Escuchen activamente. Nuestros hijos rara vez dicen lo que está en sus mentes cuando nosotros queremos. Cuando ustedes sienten que no están consiguiendo nada, ese es el momento que ellos deciden hablar. Sepan cuándo hablar y cuándo callarse y escuchar.


Enseñen, no prediquen. Sí, las comidas en familia son un buen momento para enseñar modales en la mesa, pero háganlo de una manera relajada y divertida. Una idea es susurrar "malos modales" en el oído de cada persona, para representarlos esa noche, y dejar después que el resto de los miembros de la familia traten de identificarlos en los demás. Se sorprenderá de lo que aprenderán los niños viendo hacer algo de manera incorrecta.


Sean creativos. Túrnense para preparar un postre favorito, o para escoger un tema de conversación para la noche. O pida que cada uno diga una cosa agradable acerca de cada uno de los que están en la mesa, incluidos ellos mismos.


Sean flexibles. Si los niños tienen ideas en cuanto a cómo les gustaría hacer algunas cosas, estén abiertos a sus sugerencias.


Simplifiquen. Las comidas no deben ser especiales o formales. Usen platos de cartón y servilletas de papel si no les gusta limpiar. Cuando lo único que pueden llevar es una pizza, o si es más fácil salir a cenar, háganlo.


Tengan el tiempo en familia en cualquier momento. No tiene que ser en la hora de la cena. Planeen un desayuno-almuerzo un sábado, y un almuerzo un domingo.


Manténgase firmes. Declaren que las comidas juntos son una prioridad, aunque eso signifique competir con entrenadores deportivos y otros adultos que planeen actividades después de clases, que interfieran con el tiempo en familia.


Hagan de las comidas en familia su nuevo proyecto favorito. Esperen oposición al comienzo, sobre todo si comer juntos no ha sido una prioridad. Pero sospecho que una vez que ustedes y el resto de la familia se den cuenta de los lazos y los recuerdos felices que pueden crearse alrededor de la mesa del comedor, la hora de la comida con su familia se volverá pronto en el momento preferido del día.